Título: Un viejo que leía novelas de amorAutor(a): Luis Sepúlveda
Nacionalidad: Chilena
Editorial: Tusquets Editores
Fecha de publicación: Febrero de 1993
Saga: No
Páginas: 144
Género: Novela
Sinopsis
Antonio José Bolívar Proaño vive en El Idilio, un pueblo remoto en la región amazónica de los indios shuar (mal llamados jíbaros), y con ellos aprendió a conocer la Selva y sus leyes, a respetar a los animales y los indígenas que la pueblan, pero también a cazar el temible tigrillo como ningún blanco jamás pudo hacerlo. Un buen día decidió leer con pasión las novelas de amor -«del verdadero, del que hace sufrir»- que dos veces al año le lleva el dentista Rubicundo Loachamín para distraer las solitarias noches ecuatoriales de su incipiente vejez. En ellas intenta alejarse un poco de la fanfarrona estupidez de esos codiciosos forasteros que creen dominar la Selva porque van armados hasta los dientes pero que no saben cómo enfrentarse a una fiera enloquecida porque le han matado las crías. Descritas en un lenguaje cristalino, escueto y preciso, las aventuras y las emociones del viejo Bolívar Proaño difícilmente abandonarán nuestra memoria.
Opinión personal
Leí este libro porque es el que tocaba leer en el club de lectura. Después, al verlo y descubrir que es una novela bastante corta me gusto. Lo bueno, si breve, dos veces bueno (y que conste que no digo que las novelas gruesas no valgan la pena, en absoluto; decir eso sería un sacrilegio).
Lo leí con mucha facilidad.
"El aire se notaba cada vez más caliente y espeso. Pegajoso, se adhería a la piel como una molesta película, y traía desde la selva el silencio previo a la tormenta. De un momento a otro se abrirían las esclusas del cielo".
Un viejo que leía novelas de amor es, por encima de todo, una novela de amor a la Selva. En ella existe esa dualidad del "mundo nuevo", dominado por el hombre blanco, y el mundo más tradicional, un mundo algo primitivo pero también misterioso y mágico. La novela critica la explotación de la Selva por parte del hombre blanco, la cual es egoísta, cruel, caótica y sin miramientos por las costumbres autóctonas. Todo ello se ve reflejado en el desprecio que siente el protagonista por personajes como el alcalde, así como en su relación con los nativos, los shuar, con quienes convivió en su juventud y quienes le enseñaron a respetar a la naturaleza y a los animales. La delicadeza con la que el protagonista, Antonio José Bolívar Proaño, habla del entorno en el que vive solo puede considerarse veneración. Y todo ello se comprueba a lo largo de la novela, cuyo argumento, como podéis ver un poco más arriba, se desarrolla alrededor de la caza de un tigrillo.
Durante su vida con los shuar no preciso de novelas de amor para conocerlo.
Otro tema clave del libro es el de la lectura. La emoción con la que el protagonista nos habla de sus libros es contagiosa. Apenas sabe leer, pero saborea sus novelas como quien paladea el mejor vino. Pero las novelas tienen que ser de amor, ¿eh? Faltaría más. Como dice Antonio José Bolívar, "del verdadero, del que hace sufrir". Sin lugar a dudas este libro es también, de algún modo, una oda a la lectura.
Es difícil esconder la sonrisa al leer este libro, acompañado de un protagonista tan entrañable, por su pasión, su ternura, sus fuertes convicciones y su sensibilidad. Es corto, con lo que no se hace pesado en ningún momento, a pesar de que la historia en sí es más que sencilla. Sobretodo gracias a la pluma del autor, que es exquisita. Adoro cómo describe los entornos y los pensamientos del protagonista. Recuerdo que, al terminar, casi me pareció oler las flores y sentir el rocío entre mis dedos al pasar las páginas. Una maravilla.




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